Una historia real en la Cataluña del independentismo

El pasado domingo 15 de octubre “María” (que prefiere mantener el anonimato y cuyas iniciales reales son CCB) ingresó en las urgencias del Hospital Taulí de Sabadell (Barcelona). Esta anciana de 86 años, y cuyo testimonio sostiene y aporta su sobrina, sufrió una aparatosa caída en su domicilio. Tras las pruebas pertinentes le encontraron un coágulo en la cabeza y una muñeca rota. La gravedad de la rotura implicaba una operación, pero sin mayores detalles la relegaron a una cama de urgencias sin que nadie pasara a visitarla ni, tampoco, a darle de comer en todo el día, ni en toda la noche.

María decía sentirse, sin embargo, afortunada, porque su cama tenía unas cortinas con las que mantener una cierta privacidad, privacidad de la que no disponían la destacable hilera de camas que se sucedían en el pasillo de hospital, glosado a su vez por los familiares de los enfermos que soportaban entre la estupefacción y la rabia unas condiciones indignas de un hospital público decente.

Por su parte, el hospital decidió mantener a María también todo el día siguiente en Urgencias, y aún sin nada que comer. Tras la enérgica protesta de una familiar de la enferma consiguieron que se avanzara en las pruebas, que afortunadamente dieron buenos resultados en lo concerniente al coágulo, aunque, desgraciadamente, no en lo concerniente a la muñeca.

Dos días después llegó la primera comida, y no fue hasta esa tarde-noche que logró ser instalada en planta, pero la odisea de María estaba lejos de acabar aquí. Debido a la falta de camas en traumatología fue llevada a otra planta, así que el traumatólogo no pasó a verla, lo que provocó que la familiar de la enferma, deduciendo la situación, tuviera que buscar a la secretaria del médico para que esta lo avisase.

A lo largo de la pasada semana le anunciaron una operación que no ha llegado ni se ha concretado, ahondando esto en la incertidumbre de una mujer que no merece, como el resto de pacientes, el displicente trato recibido. Ahora bien, María es una más, es tan solo una más de las personas que vive en carne propia los recortes en la sanidad catalana, una sanidad vapuleada por un gobierno, el de la Generalitat, que ha estado más pendiente de sembrar embajadas por Europa que de sembrar salud entre sus conciudadanos.

La larga fiesta del independentismo corre a cuenta de todos, y el dinero administrado en ella no se gasta en otras cuestiones que, aunque a algunos les pese, constituyen un derecho para los ciudadanos. Y es que en este país el acceso a la sanidad pública es un derecho conquistado a fuerza de una lucha muy costosa, demasiado costosa como para que se deteriore de una forma tan lamentable. Por ello, reclamo desde aquí que se vuelva a la cordura, y que se restituya la dignidad de quienes están en la posición más débil. Un pueblo que no cuida a sus enfermos es un pueblo sin porvenir.

Recorrer hospitales colapsados, sin una atención adecuada a los pacientes, sin un trato correcto, sin respuestas claras y con condiciones inasumibles, no debería ser una realidad en la España del Siglo XXI, pero es una realidad en la Cataluña del independentismo. Huelga decir que esos recortes sanitarios se han vivido y sufrido en otros puntos del país y en otras Administraciones, pero eso no exonera a los dirigentes catalanes de su responsabilidad, porque estos orientan el total de sus fuerzas hacia algo que nada tiene que ver con el bienestar de la totalidad de Cataluña, que anhela que sus líderes vuelvan a apostar una Sanidad pública de calidad, en la que los ciudadanos se sientan cuidados y protegidos, atendidos y respaldados, con un presente digno y, sobre todo, con el mejor futuro asegurado.

Pedro IR.

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Hagamos el PSOE que la Región necesita

Los socialistas murcianos estamos inmersos en un proceso democrático que, como todos en el seno de nuestra organización, ha estado enriquecido por un debate intenso a lo largo y ancho de nuestra Región; un debate en el que los protagonistas no han sido los candidatos sino los militantes, y en el que el foco, por primera vez, no se ha dirigido a nuestro ombligo sino a los problemas que asolan a nuestra tierra.

El PSOE no tiene sentido si no se concibe como un instrumento al servicio de los trabajadores, un instrumento para combatir las injusticias. Y no, esta no es ni puede ser una aspiración quimérica, pues se trata del impulso que nos mueve cada día, y es que la de los socialistas es una vida de lucha constante, una lucha a veces desagradecida, dura y extenuante, que nos erosiona y horada también a nivel humano. Pero somos así, no podemos quedarnos sentados cómodamente en el sofá de casa mientras hay gente que sufre la desigualdad, el paro o la exclusión.

Creo firmemente que esa voluntad de lucha es compartida por el conjunto del PSRM, y por ello estoy convencido de que si, por una vez, abandonamos los prejuicios y etiquetas, los rencores y recelos y las inquinas y los lastres, sobre todo los lastres, podremos no solo ser mejores sino ser, y esto es lo importante, útiles. De eso se trata, de ser útiles, a la causa que compartimos y al conjunto de los ciudadanos, que nos esperan y que nos reclaman.

Diego Conesa y Lucas Ayala han dado un paso adelante y estaré con ellos si alguno es elegido Secretario General. Son dos alcaldes que han llevado las políticas socialistas a sus vecinos y eso merece mi respeto; y en el caso de Lucas, además de con mi respeto cuenta con mi amistad. Ahora bien, soy consciente del reto que tenemos por delante, porque lo que nos jugamos es poner a punto al partido para ganar a la derecha, y ese reto exige una visión generosa, fuerte e integradora del PSRM.

María González Veracruz ha sido capaz de asumir esa necesaria mirada, y de hacerlo abriendo su proyecto a la unidad que, durante tantos años, hemos reclamado los socialistas. María es consciente de que los equipos también se construyen con quienes han sido críticos, incluso con ella, y ha sido capaz de valorar el esfuerzo de todos, porque sabe que en este partido la crítica leal sirve para construir, y que la pluralidad de voces ha de ser defendida como un patrimonio de nuestra calidad democrática.

María González es consciente de que el PSRM no se construye en torno a una persona sino en torno a muchas ideas, y ha posibilitado un proyecto en el que ha implicado a cientos de militantes, poniendo negro sobre blanco decenas de propuestas concretas para hacer de la nuestra una organización más transparente, más participativa y mucho más a la vanguardia. Su empeño es unir y fortalecer al partido, y para ello no ha tenido ni una mala palabra con ningún compañero, porque si algo aprendió de las Juventudes Socialistas es que la fraternidad es irrenunciable.

Tenemos por delante una decisión que no solo marcará la historia de nuestro partido sino que marcará la historia de nuestra tierra. Tenemos frente a nosotros una oportunidad única, la oportunidad de devolver al PSRM el impulso y la ilusión que, con tanta fuerza, palpita latente en cada uno de nosotros; la oportunidad de apostar por un nuevo tiempo, sin trincheras y sin división, sin etiquetas; la oportunidad de volver al compañerismo, a la unidad y al gobierno; y  sobre todo, tenemos la oportunidad de hacer, de una vez y para siempre, el PSOE que la Región necesita.

Pedro IR.

Carta abierta de un joven socialista a Carmen Calvo

Compañera Carmen Calvo,

Lamento escribirte estas líneas que nacen, en una mezcla amarga de vergüenza e indignación, como fruto de tu intervención en el Congreso de las Juventudes Socialistas de España; una organización que ha encajado estoicamente un discurso marcadamente irrespetuoso y esencialmente ofensivo. En el día de hoy, has aprovechado tu posición para degradar el criterio de las JSE y para reabrir un debate ya resuelto, con la ventaja de que tu alegato no tendría réplica.

Has armado un discurso en el que has comparado la Gestación Subrogada con la prostitución, blandiendo la consigna de “los vientres de alquiler” y usándola como arma arrojadiza para enfrentarte a un auditorio que te miraba entre la estupefacción, la impotencia y la rabia. Tus palabras infundadas en torno a las gestantes, que has tildado, en su mayoría, de “pobres” y “marginales (…) que no tienen otra salida”, afrentan la posición asumida por una organización que ha decidido reconocer en la mujer mayor libertad y autonomía.

Pero el fin de esta carta, compañera Carmen, no es defender la Gestación Subrogada, sino defender la legitimidad del criterio de las Juventudes Socialistas de España, un criterio que sería igual de legítimo si hubiera sostenido la posición contraria, pero que no merece, en ningún caso, el juicio paternalista y acusador de quien toma la palabra para abroncar en vez de para construir.

Los socialistas siempre hemos aceptado y aceptamos con respeto el resultado de las votaciones democráticas, entre otras cosas porque sabemos que la única fórmula para combatir algo injusto en democracia es con más democracia, y en ningún caso con imposición, exigencia y desprecio. Y aunque no soy miembro de las JSE, sí soy joven y socialista, y milito activamente en una organización, la nuestra, que no merece de sus más altos representantes comportamientos como el que hemos padecido.

Has tenido a bien afirmar que “los socialistas nos vamos a separar” de lo aprobado por las Juventudes, y he de decirte que te equivocas, pues quien se separará de esa posición es el partido, pero no todos los socialistas, porque los miembros de las Juventudes son tan socialistas como tú, y poner en duda su compromiso con los valores del PSOE es escupir a la cara a una generación de hombres y mujeres libres cuyo juicio crítico no es menos solvente que el de los miembros del PSOE o el tuyo, y no lo es ni un solo ápice.

Las JSE han hecho más grande y fuerte a este partido y más digno y mejor a este país. Sus miembros han hecho de la rebeldía su bandera y de la justicia social su meta. Las JSE son un espacio de debate y de democracia, un espacio donde deben confluir los argumentos, pero nunca las faltas de respeto. Por ello te pido que rectifiques y te disculpes, porque no solo has ofendido a las JSE, sino que además has avergonzado a muchos socialistas que queremos arrimar el hombro para que el PSOE y las JSE sigan trabajando juntos en la conquista de un presente que, desde el inconformismo y el activismo, abrirá a los jóvenes y mayores las puertas del futuro.

Pedro IR.

Pseudo-feminismo y estulticia: de la gestación subrogada a Mariano Beltrán

La libertad siempre tuvo un alto precio, pues la expresión de las convicciones que tambalean los púlpitos de lo establecido nunca estuvo exenta de beligerancia, resentimiento y odio. Y ese precio, el de la libertad, lo ha pagado en carne propia el activista, feminista y socialista Mariano Beltrán, que ha recibido toda suerte de insultos, ataques y amenazas por defender la regulación de la gestación subrogada.

El hecho de fondo no es tanto aquello que Mariano defiende, y que se funda en salvaguardar la autonomía de las mujeres para decidir sobre su vientre; el hecho de fondo es que desde un pseudo-feminismo ramplón se intente, no solo sentar doctrina a base de píldoras de moral, sino blandir violentamente esa moral como un arma al servicio de la estulticia. Irracionalidad y cinismo se conjugan en simbiótica comunión entre las filas de quienes se tienen por la vanguardia de la izquierda pero comparten ideario y argumentos con el Opus Dei.

Así, en el marco incomparable de los epítetos dirigidos a Mariano encontramos un amplio corolario de insultos que lo presentan como un explotador que quiere mercantilizar a las mujeres para satisfacer sus caprichos masculinos. Bilis disfrazada de ética y enarbolada, desgraciadamente, por mujeres que creen tener el monopolio purista de la representación femenina, pero que no solo no ayudan a las mujeres, sino que quieren subyugarlas bajo las modernas tutelas que con tanta intransigencia y prepotencia han construido ellas mismas.

Estas damas incólumes que gritan que su vientre no es una vasija se apoyan en el cilicio con una mano y, con la otra, en la biblia. Y en el gran ágora post-moderno de las redes sociales son muchas y algunos los que no dudan en dirigir el más inmisericorde acoso a quienes osan opinar libremente o a quienes no se dejan custodiar por las guardianas de lo suyo y verdugos de lo de los demás.

Pero a pesar de lo acontecido podemos y debemos sacar en claro una lección nada desdeñable, y es que la sociedad tiene que seguir luchando y empujando para caminar hacia adelante. La gestación subrogada será un hito democrático que marcará la historia, como lo hizo el divorcio, el aborto o el matrimonio homosexual. Y ese hito no solo supondrá dotar a la mujer de mayor libertad y autonomía, pues lo que conseguirá, en definitiva, es hacer más libres y dignos a todos y cada uno de los ciudadanos de nuestro país.

Pedro IR.

Es la hora de Susana Díaz, es el tiempo del PSOE

Los socialistas estamos a punto de concluir un proceso que nos ha abierto en canal. Nos ha abierto como organización e individualmente, nos ha puesto frente al espejo de la lógica, de la pasión e incluso de las vísceras. Es verdad, se han conjugado odios, enconos y falacias en el horizonte del imaginario del socialismo español, sin embargo, hoy solo cabe desterrar todo eso en el ocaso del pasado, pues merecemos inaugurar un tiempo nuevo y es que, al margen de lo que pase el domingo, hay algo que no podemos olvidar: somos el PSOE.

Somos el Partido Socialista Obrero Español, y ha llegado la hora de dejar de arrugarse, de apartar los complejos a un lado y mirar a los nuestros cara a cara, con la mirada limpia y el alma liviana, con arrojo, con orgullo, con sentimiento y con pasión. Y esa voz de mujer en la que reconocemos a nuestro partido está arraigada en una tierra de “andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas”. Esos son los vientos del pueblo que con tanto compromiso hizo brillar Miguel Hernández, vientos que hoy siguen soplando desde cada rincón de Andalucía, desde cada pueblo y cada ciudad de España.

Vientos que soplan cuando Susana Díaz habla, pues como buena socialista, lo hace a nuestra razón, pero también a nuestro corazón. Le habla a la razón a través de un carisma innato que se ha convertido en liderazgo, pero sobre todo a través de su forma de hacer política, de unir y de fortalecer al PSOE en su tierra, articulando equipos diversos, apostando por políticas públicas siempre a favor de los ciudadanos, y siempre pensando en los que más lo necesitan. Ha sabido y sabe ganar elecciones y poner al PSOE en el lugar que se merece, sí, pero no a cualquier precio, pues nunca ha dejado de anteponer los intereses del PSOE a los suyos, y los intereses de los ciudadanos a todo lo demás.

Ahora bien, Susana Díaz también sabe hablar al corazón, y así lo hace en sus intervenciones públicas y en el trato personal, y es que no necesita impostar cercanía a los ciudadanos porque ella es una ciudadana más, una mujer normal y corriente capaz de emocionar y de hacer vibrar los sentimientos llegando hasta lo más hondo de nosotros. Y lo hace desde el respeto más profundo a nuestra organización y sus militantes. Por eso recuerda como nadie las enseñanzas y valores de los “viejos socialistas” que, en algunas ocasiones, hemos olvidado. Enseñanzas y valores que han hecho grandes las casas del pueblo, esos lugares de democracia y lucha en los que los trabajadores siempre han encontrado su hogar.

Y es que apostar por Susana Díaz es apostar por el PSOE, es apostar por la fraternidad entre compañeros, por el respeto a nuestra historia y por el presente y futuro del socialismo español. Confiar en Susana es creer que juntos recobraremos el verdadero orgullo socialista, el de nuestros padres y abuelos, el de los que siguen con nosotros y el de los que se fueron o nos arrebataron. El orgullo de representar unas ideas y valores que merecen la pena tanto como nuestra lucha, una lucha sin cuartel contra la desigualdad, una lucha sin cuartel contra la sinrazón, una lucha sin cuartel contra la injusticia. Y nuestro orgullo hoy será el de nuestros hijos mañana, el orgullo de militar en un partido en el que el coraje no se negocia, en el que la resignación no se contempla y en el que, por encima de todo, se defiende la libertad.

Joaquín Castaño & Pedro Iniesta

Susana Díaz, la candidata de la militancia

Susana Díaz es hoy, y por derecho, la candidata de la militancia. Y lo es porque miles y miles de compañeros socialistas a lo largo y ancho del territorio nacional han decidido, además de comprometerse con ella, hacerse sus valedores. Y es que avalar a un compañero es responder por esa persona diciendo alto y claro que juntos correremos la misma suerte, es dar un paso hacia adelante, es otorgar una confianza que impulsa a estar a la altura de las circunstancias.

Durante algunos meses hemos asistido impávidos a la campaña de la estulticia, una campaña orquestada por propios y ajenos que ha tenido como base y como fin desgastar y embarrar la imagen de la presidenta de Andalucía, presentándola como la candidata de la “baronía socialista”. Este planteamiento simplista y equívoco adolece de dos errores fundamentales. El primero es asumir que los líderes territoriales pertenecen a una élite cuando, por el contrario, son receptores de la confianza de militantes y ciudadanos. Y el segundo error ha sido intentar secuestrar de forma preventiva la voluntad de una militancia que, de entrada, ha querido apostar de forma mayoritaria por un PSOE ganador.

Ahora bien, si algo somos los socialistas es respetuosos con la democracia y sus tiempos, por eso no reivindico hoy aquí una victoria que aún no se ha producido, pero sí sostengo que Susana Díaz es la candidata por la que, de manera pública, con nombre, firma y DNI, más compañeros responden. En este sentido, son muchos los que tendrán que guardar en el oscuro cajón del absurdo las falaces aseveraciones que con tanta rabia y desatino vertieron contra una mujer que unió al PSOE de Andalucía para ganar luego las elecciones y que tiene por delante la misma tarea para con el PSOE español.

En unas semanas sabremos quién es la Secretaria o el Secretario General de todos los militantes del Partido Socialista Obrero Español, pero hoy sabemos quién es la candidata de la mayoría de la militancia. Con esto no quiero caer ni en el triunfalismo ni en la soberbia de quienes no reconocen  los esfuerzos democráticos de todos los que concurren a las urnas, sin embargo, sí quisiera señalar que Susana Díaz asume una responsabilidad inmensa al ser la depositaria de la confianza de millares de socialistas. Y esa responsabilidad extraordinaria bebe de los vientos del cambio y del futuro, de los vientos transformadores que anuncian un tiempo nuevo, un tiempo que inauguraremos en el PSOE y que trascenderá hasta cada rincón de España.

Pedro IR.

De la fast politics al cielo

Vivimos un momento histórico en el que comunicar se ha hecho más importante que informar, en el que escribir un tweet ingenioso aporta más rédito que toda una batería de medidas en el Congreso, y en el que pasear un autobús que copia los métodos de organizaciones ultra-católicas tiene más impacto que cualquier trabajo legislativo. La política ha dejado de ser política para convertirse en fast politics.

Hoy hemos conocido la voluntad de Unidos Podemos de plantear una moción de censura al ejecutivo de Mariano Rajoy, una moción que significa muchas cosas. En primero de democracia uno aprende que este instrumento se emplea para quitar a un gobierno y poner a otro, presentando a un candidato alternativo surgido del concierto de una mayoría parlamentaria también alternativa.

Presentar una moción de censura que necesita del acuerdo de los independentistas de ERC y los de Convergencia (de derechas e inmersos en no pocos casos de corrupción), Bildu, Coalición Canaria, Compromís, Nueva Canaria, el PNV  y el PSOE, sin haber hablado antes con ninguno de ellos, es presentar una moción para perderla; hecho que constituye la vía más corta y efectista para armar, sin necesidad de carpa, un inmenso circo que permita, en primer término, poner a Podemos en la primera línea informativa y, en segundo término, poner al PSOE en la picota.

La aprobación de dicha moción exigiría un candidato y un programa de gobierno, y sabiendo las condiciones de los independentistas y los modos y maneras de Pablo Iglesias, solo puedo decir, como socialista, que espero que mi partido nunca se preste a un juego tan burdo. Por su parte, el ínclito líder podemita sabe bien que su moción está condenada al fracaso, pero no opta por otros medios como la reprobación o la cuestión de confianza (instrumentos parlamentarios y democráticos) y elige, sin embargo, este método con el fin electoralista de ganar votos de gente del PSOE o incluso de influir en las primarias socialistas.

Haciendo un análisis serio y sosegado, uno se da cuenta de que a Podemos lo último que le importa es quitar a Mariano Rajoy o aportar ideas para hacer avanzar este país. Pablo Iglesias quiere asaltar los cielos, aparecer constantemente en cada medio de comunicación con el ceño fruncido erigiéndose en adalid de la izquierda pura y sin máculas mientras señala a quienes no se alinean con él. Ahora bien, los señalados se han hartado de los comportamientos pueriles y estériles de quién aspira a liderar un país pero se muestra incapaz de liderar su propio sentido común.

Soy consciente de que hacer esta reflexión trae aparejado el escarnio público, porque criticar a Podemos se ha convertido, casi, en un pecado capital. Pero asumo mi alícuota parte de responsabilidad en la tarea de quitar la máscara a quienes no son ni tan puros ni tan honestos. Y con ánimo de aclarar aún más si cabe y, aunque moleste (que molestará), quiero defender la seriedad del PSOE, que está construyendo partido y proyecto, desde la izquierda y la socialdemocracia, con responsabilidad y sin estridencias, porque nosotros le ganaremos a la derecha, le ganaremos al PP y a la corrupción, pero no lo haremos por la puerta de atrás; lo haremos donde corresponde, en las urnas.

Pedro IR.