Pseudo-feminismo y estulticia: de la gestación subrogada a Mariano Beltrán

La libertad siempre tuvo un alto precio, pues la expresión de las convicciones que tambalean los púlpitos de lo establecido nunca estuvo exenta de beligerancia, resentimiento y odio. Y ese precio, el de la libertad, lo ha pagado en carne propia el activista, feminista y socialista Mariano Beltrán, que ha recibido toda suerte de insultos, ataques y amenazas por defender la regulación de la gestación subrogada.

El hecho de fondo no es tanto aquello que Mariano defiende, y que se funda en salvaguardar la autonomía de las mujeres para decidir sobre su vientre; el hecho de fondo es que desde un pseudo-feminismo ramplón se intente, no solo sentar doctrina a base de píldoras de moral, sino blandir violentamente esa moral como un arma al servicio de la estulticia. Irracionalidad y cinismo se conjugan en simbiótica comunión entre las filas de quienes se tienen por la vanguardia de la izquierda pero comparten ideario y argumentos con el Opus Dei.

Así, en el marco incomparable de los epítetos dirigidos a Mariano encontramos un amplio corolario de insultos que lo presentan como un explotador que quiere mercantilizar a las mujeres para satisfacer sus caprichos masculinos. Bilis disfrazada de ética y enarbolada, desgraciadamente, por mujeres que creen tener el monopolio purista de la representación femenina, pero que no solo no ayudan a las mujeres, sino que quieren subyugarlas bajo las modernas tutelas que con tanta intransigencia y prepotencia han construido ellas mismas.

Estas damas incólumes que gritan que su vientre no es una vasija se apoyan en el cilicio con una mano y, con la otra, en la biblia. Y en el gran ágora post-moderno de las redes sociales son muchas y algunos los que no dudan en dirigir el más inmisericorde acoso a quienes osan opinar libremente o a quienes no se dejan custodiar por las guardianas de lo suyo y verdugos de lo de los demás.

Pero a pesar de lo acontecido podemos y debemos sacar en claro una lección nada desdeñable, y es que la sociedad tiene que seguir luchando y empujando para caminar hacia adelante. La gestación subrogada será un hito democrático que marcará la historia, como lo hizo el divorcio, el aborto o el matrimonio homosexual. Y ese hito no solo supondrá dotar a la mujer de mayor libertad y autonomía, pues lo que conseguirá, en definitiva, es hacer más libres y dignos a todos y cada uno de los ciudadanos de nuestro país.

Pedro IR.

Es la hora de Susana Díaz, es el tiempo del PSOE

Los socialistas estamos a punto de concluir un proceso que nos ha abierto en canal. Nos ha abierto como organización e individualmente, nos ha puesto frente al espejo de la lógica, de la pasión e incluso de las vísceras. Es verdad, se han conjugado odios, enconos y falacias en el horizonte del imaginario del socialismo español, sin embargo, hoy solo cabe desterrar todo eso en el ocaso del pasado, pues merecemos inaugurar un tiempo nuevo y es que, al margen de lo que pase el domingo, hay algo que no podemos olvidar: somos el PSOE.

Somos el Partido Socialista Obrero Español, y ha llegado la hora de dejar de arrugarse, de apartar los complejos a un lado y mirar a los nuestros cara a cara, con la mirada limpia y el alma liviana, con arrojo, con orgullo, con sentimiento y con pasión. Y esa voz de mujer en la que reconocemos a nuestro partido está arraigada en una tierra de “andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas”. Esos son los vientos del pueblo que con tanto compromiso hizo brillar Miguel Hernández, vientos que hoy siguen soplando desde cada rincón de Andalucía, desde cada pueblo y cada ciudad de España.

Vientos que soplan cuando Susana Díaz habla, pues como buena socialista, lo hace a nuestra razón, pero también a nuestro corazón. Le habla a la razón a través de un carisma innato que se ha convertido en liderazgo, pero sobre todo a través de su forma de hacer política, de unir y de fortalecer al PSOE en su tierra, articulando equipos diversos, apostando por políticas públicas siempre a favor de los ciudadanos, y siempre pensando en los que más lo necesitan. Ha sabido y sabe ganar elecciones y poner al PSOE en el lugar que se merece, sí, pero no a cualquier precio, pues nunca ha dejado de anteponer los intereses del PSOE a los suyos, y los intereses de los ciudadanos a todo lo demás.

Ahora bien, Susana Díaz también sabe hablar al corazón, y así lo hace en sus intervenciones públicas y en el trato personal, y es que no necesita impostar cercanía a los ciudadanos porque ella es una ciudadana más, una mujer normal y corriente capaz de emocionar y de hacer vibrar los sentimientos llegando hasta lo más hondo de nosotros. Y lo hace desde el respeto más profundo a nuestra organización y sus militantes. Por eso recuerda como nadie las enseñanzas y valores de los “viejos socialistas” que, en algunas ocasiones, hemos olvidado. Enseñanzas y valores que han hecho grandes las casas del pueblo, esos lugares de democracia y lucha en los que los trabajadores siempre han encontrado su hogar.

Y es que apostar por Susana Díaz es apostar por el PSOE, es apostar por la fraternidad entre compañeros, por el respeto a nuestra historia y por el presente y futuro del socialismo español. Confiar en Susana es creer que juntos recobraremos el verdadero orgullo socialista, el de nuestros padres y abuelos, el de los que siguen con nosotros y el de los que se fueron o nos arrebataron. El orgullo de representar unas ideas y valores que merecen la pena tanto como nuestra lucha, una lucha sin cuartel contra la desigualdad, una lucha sin cuartel contra la sinrazón, una lucha sin cuartel contra la injusticia. Y nuestro orgullo hoy será el de nuestros hijos mañana, el orgullo de militar en un partido en el que el coraje no se negocia, en el que la resignación no se contempla y en el que, por encima de todo, se defiende la libertad.

Joaquín Castaño & Pedro Iniesta

Susana Díaz, la candidata de la militancia

Susana Díaz es hoy, y por derecho, la candidata de la militancia. Y lo es porque miles y miles de compañeros socialistas a lo largo y ancho del territorio nacional han decidido, además de comprometerse con ella, hacerse sus valedores. Y es que avalar a un compañero es responder por esa persona diciendo alto y claro que juntos correremos la misma suerte, es dar un paso hacia adelante, es otorgar una confianza que impulsa a estar a la altura de las circunstancias.

Durante algunos meses hemos asistido impávidos a la campaña de la estulticia, una campaña orquestada por propios y ajenos que ha tenido como base y como fin desgastar y embarrar la imagen de la presidenta de Andalucía, presentándola como la candidata de la “baronía socialista”. Este planteamiento simplista y equívoco adolece de dos errores fundamentales. El primero es asumir que los líderes territoriales pertenecen a una élite cuando, por el contrario, son receptores de la confianza de militantes y ciudadanos. Y el segundo error ha sido intentar secuestrar de forma preventiva la voluntad de una militancia que, de entrada, ha querido apostar de forma mayoritaria por un PSOE ganador.

Ahora bien, si algo somos los socialistas es respetuosos con la democracia y sus tiempos, por eso no reivindico hoy aquí una victoria que aún no se ha producido, pero sí sostengo que Susana Díaz es la candidata por la que, de manera pública, con nombre, firma y DNI, más compañeros responden. En este sentido, son muchos los que tendrán que guardar en el oscuro cajón del absurdo las falaces aseveraciones que con tanta rabia y desatino vertieron contra una mujer que unió al PSOE de Andalucía para ganar luego las elecciones y que tiene por delante la misma tarea para con el PSOE español.

En unas semanas sabremos quién es la Secretaria o el Secretario General de todos los militantes del Partido Socialista Obrero Español, pero hoy sabemos quién es la candidata de la mayoría de la militancia. Con esto no quiero caer ni en el triunfalismo ni en la soberbia de quienes no reconocen  los esfuerzos democráticos de todos los que concurren a las urnas, sin embargo, sí quisiera señalar que Susana Díaz asume una responsabilidad inmensa al ser la depositaria de la confianza de millares de socialistas. Y esa responsabilidad extraordinaria bebe de los vientos del cambio y del futuro, de los vientos transformadores que anuncian un tiempo nuevo, un tiempo que inauguraremos en el PSOE y que trascenderá hasta cada rincón de España.

Pedro IR.

De la fast politics al cielo

Vivimos un momento histórico en el que comunicar se ha hecho más importante que informar, en el que escribir un tweet ingenioso aporta más rédito que toda una batería de medidas en el Congreso, y en el que pasear un autobús que copia los métodos de organizaciones ultra-católicas tiene más impacto que cualquier trabajo legislativo. La política ha dejado de ser política para convertirse en fast politics.

Hoy hemos conocido la voluntad de Unidos Podemos de plantear una moción de censura al ejecutivo de Mariano Rajoy, una moción que significa muchas cosas. En primero de democracia uno aprende que este instrumento se emplea para quitar a un gobierno y poner a otro, presentando a un candidato alternativo surgido del concierto de una mayoría parlamentaria también alternativa.

Presentar una moción de censura que necesita del acuerdo de los independentistas de ERC y los de Convergencia (de derechas e inmersos en no pocos casos de corrupción), Bildu, Coalición Canaria, Compromís, Nueva Canaria, el PNV  y el PSOE, sin haber hablado antes con ninguno de ellos, es presentar una moción para perderla; hecho que constituye la vía más corta y efectista para armar, sin necesidad de carpa, un inmenso circo que permita, en primer término, poner a Podemos en la primera línea informativa y, en segundo término, poner al PSOE en la picota.

La aprobación de dicha moción exigiría un candidato y un programa de gobierno, y sabiendo las condiciones de los independentistas y los modos y maneras de Pablo Iglesias, solo puedo decir, como socialista, que espero que mi partido nunca se preste a un juego tan burdo. Por su parte, el ínclito líder podemita sabe bien que su moción está condenada al fracaso, pero no opta por otros medios como la reprobación o la cuestión de confianza (instrumentos parlamentarios y democráticos) y elige, sin embargo, este método con el fin electoralista de ganar votos de gente del PSOE o incluso de influir en las primarias socialistas.

Haciendo un análisis serio y sosegado, uno se da cuenta de que a Podemos lo último que le importa es quitar a Mariano Rajoy o aportar ideas para hacer avanzar este país. Pablo Iglesias quiere asaltar los cielos, aparecer constantemente en cada medio de comunicación con el ceño fruncido erigiéndose en adalid de la izquierda pura y sin máculas mientras señala a quienes no se alinean con él. Ahora bien, los señalados se han hartado de los comportamientos pueriles y estériles de quién aspira a liderar un país pero se muestra incapaz de liderar su propio sentido común.

Soy consciente de que hacer esta reflexión trae aparejado el escarnio público, porque criticar a Podemos se ha convertido, casi, en un pecado capital. Pero asumo mi alícuota parte de responsabilidad en la tarea de quitar la máscara a quienes no son ni tan puros ni tan honestos. Y con ánimo de aclarar aún más si cabe y, aunque moleste (que molestará), quiero defender la seriedad del PSOE, que está construyendo partido y proyecto, desde la izquierda y la socialdemocracia, con responsabilidad y sin estridencias, porque nosotros le ganaremos a la derecha, le ganaremos al PP y a la corrupción, pero no lo haremos por la puerta de atrás; lo haremos donde corresponde, en las urnas.

Pedro IR.

A Carme Chacón, compañera del alma, compañera

La familia socialista se enjuga hoy las lágrimas, rota,  en una mezcla amarga de impotencia, tristeza, rabia y dolor, porque la vida se ha desdibujado en los ojos brillantes de una mujer que miró al mundo con coraje, y que se atrevió a todo porque no tenía miedo a nada. La transparencia de su sonrisa y el calor de su afecto hicieron que su dimensión humana trascendiera incluso de la política.

Carme Chacón supo enseñarnos que escuchar es más creativo que dictar, que entender a quien discrepa enriquece, que respetar a todos nos hace más libres. Carme siempre puso por delante de cualquier interés a España, y por delante de cualquier reto las convicciones del socialismo democrático.

Era una humanista que tenía fe en la vida, una republicana que construyó como nadie la igualdad, porque no se resignó a ser una anécdota en un mundo de hombres, y fue un referente para esos hombres, para tantas mujeres y, por supuesto, para toda nuestra patria, que no es solo España, pues lo son, sobre todo, los derechos, la justicia y la libertad.

Conocía el valor de la palabra y también el de los silencios, y sorteó las estridencias y egos para reivindicar quién era, reivindicando así a las mujeres que, como ella, no temieron destrozar esos techos de cristal ajados de prejuicios y sombras. Y en ese mar de oscuridad que es a veces la vida, ella nos trajo luz, una intensa luz repleta de esperanza.

Decía Carme que quien pestañea pierde, y aunque ahora sus ojos se cierren para siempre, no ha perdido. Su lucha ha valido la pena porque ha sembrado en el corazón del socialismo la semilla de la libertad, una semilla tan poderosamente cargada de futuro y tan eternamente cargada de verdad.

Como socialista solo puedo darte las gracias, querida Carme, pues siempre guardaré como un tesoro los breves momentos que compartí contigo, y mi recuerdo, como el de todos los socialistas, jamás se convertirá en polvo ni en ceniza, pues florecerá para siempre entre los nuestros y a través de cada generación que te pensará entre el anhelo y el orgullo, compañera del alma, compañera.

Pedro IR.

Carta abierta de un murciano a Pedro Antonio Sánchez

Señor Presidente de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, un día más nuestra tierra amanece con usted aferrado al cómodo sillón del poder, avalado por un partido cuyas cotas de dignidad caen a cada segundo que ampara a un hombre que demostró no estar a la altura de Puerto Lumbreras y que no tiene ninguna consideración por nadie sino por y para sí mismo.

Sus presuntas corruptelas, prevaricación continuada, fraude contra la administración pública, falsedad de documento oficial y malversación de caudales públicos, si bien no han sido acreditadas por la justicia sí dibujan sobre usted una peligrosa sombra de sospecha que nos hace pensar que su ejemplaridad está, al menos, tan sobrevalorada como el auditorio que tan bien conoce y al que los ciudadanos aún no han podido acceder.

Las declaraciones de Noelia Arroyo y de otros miembros de su partido ponen de manifiesto una suerte de servidumbre interna que deja a sus subordinados sumidos en el fango y a usted en la más pura desvergüenza. Podríamos hablar de sus palabras anunciando que dimitiría si fuese imputado, pero no hace falta, porque el valor de su palabra parece estar a la altura del de su honor.

Como murciano siento una mezcla de indignación, impotencia y pena. Nuestra Región copa los informativos mientras usted se ríe del universo mundo, que diría aquel, y se atrinchera sin el más mínimo ápice de decencia en su despacho de San Esteban. Lo malo, lo peor, es que ha tomado como rehenes a los ciudadanos de Murcia, a todos y cada uno de nosotros, que tenemos que asistir al lamentable espectáculo de su peregrinación judicial.

Señor Presidente, no puedo pretender que haga usted gala hoy de la honra que, según parece, no conoció antaño,  pero sí le pido que piense solo por un segundo en esta Región de personas trabajadoras que se levantan cada día para sacar a sus familias adelante. Piense por un instante en la democracia, en el prestigio de nuestras instituciones, en la ética, en la moral, piense tan solo un momento lo que significa la política porque estoy convencido de que, si lo hace, tomará por fin la puerta de salida, con la cabeza baja, para no volver nunca más.

Pedro IR.

Las últimas trincheras

El día en que Pedro Sánchez perdió la confianza del partido y dejó la Secretaría General  se inauguró un tiempo de trinchera, un tiempo en el que la consigna quiso ser más poderosa que el argumento, en el que el insulto buscó someter a la palabra, y en el que los debates solo han levantado un polvo de mediocridad y sinrazón.

Respeto a Pedro Sánchez, y a todos aquellos que lo defienden al margen de la beligerancia o el macarrismo, pero constato como espeluznantemente paradójico que quienes se desgañitan en el barro para adjudicar etiquetas guerracivilistas (golpistas, traidores, fascistas…), sean los mismos que no acatan las decisiones democráticas del partido. Y es que quienes niegan la autoridad de la Gestora, niegan la democracia misma.

No podemos ni debemos permitir que las redes sociales se conviertan en una suerte de estercolero en el que todo vale, pues tenemos que comportarnos como seres cabales, y no con el nerviosismo de un jabalí que gruñe tras los barrotes de su impuesta jaula. El desprecio que, incluso algunos cargos del partido, exaltan en las redes sociales supone para todos un motivo de vergüenza y agravio.

Quiero reivindicar la crítica, la crítica apasionada y dura, pero respetuosa, porque el día en el que se pierde la educación se deja de estar a la altura de los ciudadanos y de nuestras siglas, y quienes lo hacen, no merecen siquiera presidir su comunidad de vecinos. Entre tanto, ahí fuera, al margen de nuestra burbuja congresual, la gente nos mira con distancia, rabia y desapego, y es que solo seremos capaces de convencer fuera si somos capaces de coser dentro.

Que no se nos olvide, somos compañeros, y ser compañero es correr la misma suerte que el otro, si a ti te va bien, a mí me va bien, y si a ti te va mal, a mí me va mal. Por eso debemos reivindicarnos en la fraternidad, lejos de la trinchera; y nuestros líderes deben proteger el compañerismo, y nunca mirar para otro lado tendidos bajo la sombra de una higuera.

Este partido centenario ha construido la mejor España, y aunque algunos de sus miembros hayan demostrado no estar a la altura, la fuerza y el arrojo del nuevo tiempo se abrirán paso para hacer que quienes se quedaron en la trinchera sean solo pasado. El nuevo tiempo es hoy más urgente que nunca, porque queda tanto por hacer que no merece la pena perder un solo segundo en cuestiones estériles. No lo dudéis, compañeros, hay una rosa empuñada que florecerá mucho antes de lo que muchos piensan, y de lo que muchos quisieran.

Pedro IR.